viernes, 26 de agosto de 2011

VOLANDO POR LA JUNGLA DE CHIANG MAI

Llegamos a Chiang Mai en un bus de segunda, el que había, que cumplió perfectamente su cometido: no hubo extras pero tenía aire acondicionado y estaba bastante bien, sin excesivas paradas. La sorpresa llegó al bajar del autobús: un montón de taxistas pugnaban por ser elegidos a unos pocos metros del vehículo, tras una raya pintada en el suelo que no podían traspasar, suponemos. Quedamos tan impactados por sus gritos y los carteles que exhibían que ni pensamos en hacer una foto. Obviamente, elegimos a ojo sin criterio alguno.


La ciudad es considerada la capital cultural del país y cuenta con el mayor número de templos, unos 120, muchos de ellos impresionantes. Sin embargo, su proximidad a la selva y al triángulo fronterizo con Birmania y Laos he hecho emerger una floreciente industria de actividades para los guiris: paseos de todos los tipos y pelajes por la selva, cuidados de elefantes, viajes a Laos y todo lo relacionado con la aventura. Por las calles hay infinidad de agencias que te ofrecen programas de lo más variado. Y además, cursos de cocina o locales de masajes por docenas. Algo de todo ello ya hemos probado, como veréis.


En uno de ellos, un auténtico complejo que al parecer es una universidad budista, el Watchediluang, te ofrecen el Monk chat, charlas en inglés con los monjes para hablar de lo que se quiera, obviamente relacionado con su actividad. En este también vimos a un propio dando de comer a un montón de perros que allí habitan. Ni mucho menos se peleaban por la comida, estaban imbuidos de la serenidad del budismo. Será que la dieta era consistía sólo en arroz...



En otra parte varios monjes reparaban con calma un talud, por aquello del "ora et labora".
En este templo, el Watchediluang se celebraba una ceremonia religiosa a la que se podía acceder. Era muy atractiva desde el punto de vista estético y dedicamos un ratito a escuchar la música, de los mantras, tremendamente repetitiva, mientras nos deleitábamos con la decoración de las columnas y del conjunto.


Después nos topamos con un monje embalsamado, pero talmente parecía vivo, aunque dentro de una vitrina. Nos quedamos con las ganas de pellizcarle, porque la verdad es que resultaba muy inquietante.

Pero lo que de verdad ha sido una pasada es la mañana de hoy en el Jungle Flight, donde hemos disfrutado como niños. Es una actividad de tirolinas, bajadas en picado y puentes (sky bridge les llaman) en medio de la selva, todo a una gran altura sujetos por arneses. Para los precios de aquí es caro (50 euros persona, más de lo que nos cuestan los tres días de hotel) pero mereció la pena ya que es de  esas cosas que a lo mejor sólo haces una vez en la vida.

 Incluye desplazamiento desde el hotel, adonde te vienen a buscar, y el viaje al sitio, o sea en medio del monte que se tarda una hora, primero por buena carretera y al final por corredoiras estrechísimas. Aquí estamos a punto de comenzar, ya equipados como aguerridos guiris selváticos. El grupo estaba formado, además de por nosotros que, obviamente somos los abueletes, por un puñado de jovenzuelos/as de diversas nacionalidades (entre ellos dos catalanes y un italiano muy simpático). Una pareja tuvo la feliz idea de ir a esta actividad en chanclas.....ver para creer.



Se circula por estructuras instaladas  en enormes árboles a gran altura. Casi todo son tirolinas pero también hay algún descenso, como el que se ve.

 A veces los nervios nos hacían sonreir de puro estrés.

 Después del desconcierto inicial se puede comprobas cómo poco a poco fuimos cogiendo confianza y hasta nos tirábamos en parejas dando gritos en plan Tarzán. En la siguiente imagen, con Fely y Alfonso en plena actuación, se puede hacer uno una idea del asunto y de las dimensiones.
 A destacar la seguridad: venían con nosotros dos empleados y se encargaban de enganchar y desenganchar los arneses. Siempre estabas a cubierto: en la estructura atado a una cadena que rodeaba al árbol o bien a la tirolina, nunca suelto. Enseguida te das cuenta de que todo es seguro y el material está en perfecto estado. Los caretos de algunos eran un poema.


En un momento dado nos sujetaron por la espalda y parecía que volábamos. Una impresión.... 

Éramos los más mayores, cierto, pero dimos la talla como los demás.


E incluso hacíamos gestos y posturitas para la cámara. 


Pero vamos, una gozada recorrer así la selva entre semejantes árboles y a tanta altura. 


Ni que decir tiene que los puentes se movían


pero formaba parte del asunto. Nos acordamos de nuestro amigo Paco...




Eso sí, con el impulso a veces los frenazos eran bruscos y nuestros vigilantes tenían que emplearse a fondo. De hecho, una de las palabras en español que conocían era "frena, frena".


En la foto anterior el empleado, usando los pies ,acerca a la plataforma a una chica, la de las chanclas, que quedó parada antes de alcanzarla. Final feliz a la aventura después de casi tres horas triscando por los árboles como los monos....o casi.
 

El programa incluía la comida antes de regresar, que no estuvo mal, y una camiseta por barba para dar publicidad al asunto.



Y para terminar una imágenes de nuestro hotel, el Sakorn, que está francamente bien y es moderno. Vamos mejorando en calidad y siempre a menor precio, pero la cosa cambiará muy pronto en la zona de  las playas del sur, que es más cara y donde de verdad, dicen, hay turistas. Os lo contaremos, pero eso será a partir del sábado.


Por la tarde , después de un rato de relax y bañito para recuperar los niveles de adrenalina, tocó masaje tailandés en un  sitio recomendado por los catalanes. Lo dan masajistas ciegos. La experiencia, vivida por todos menos Juanma, receloso por su espalda, lógicamente, ha sido curiosa. El de Alfonso le ha clavado el codo por distintas partes de su anatomía y los de Fely y Ana parece que han sido más suaves. Otra cosa que contar....En suma que estamos estupendamente.


Alfonso saluda a la concurrencia desde el balcón de su habitación, con su bañador tailandés...
Aspecto de la cena el primer día en Chiang Mai en el restaurante Riverside, que estuvo bien. Un sitio con música en vivo, como muchos otros, y un verdadero ambientazo.
 

Hoy, como nos estamos thaisizando un poco, hemos sucumbido a la comida callejera con una brocheta de pollo, pimientos y piña de chuparse los dedos. La hacían en la calle pero era de un restaurante, aunque de eso nos dimos cuenta después.

4 comentarios:

  1. ¡¡¡Qué envidia las tirolinas!!! eso sí, se os veía la mar de integrados con la juventud!
    Aquí sigue lloviendo...:P
    Y cuidado con la comida callejera....que luego una cosa lleva a la otra, os emocionáis, y al final os váis por la pata abajo (finamente dicho)
    muá

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  2. ¡Admirable! Tanta y tanta chinoiserie junta, amontonada. Y las huestes inacabables de guiris de lo más surtido como en un gigantesco hormiguero nonstop.

    Mi madre (El Burgo de Osma) decía: "Sarna con gusto no pica... pero mortifica!

    Muy buenos, textos y fotos. Un placer leeros. Y veros, claro. Los rostros pueden interpretarse todavia mejor, aún no siendo ni budista ni leches.

    Desde mi punto de vista (sospecho, sinceramente, no tener razón) todo un pelín cutre, como un enorme Todo a Cien. Y tanto guiri...! No he visto, todavía, al ratón Mickey; pero ya saldrá, ya.

    Cuidado con las brochetas. Algunas pueden ser de los pececitos abrasivos asaditos a las finas hierbas. Material de recebo excelente pero seguro propiciador de universales cagaleras.

    Aquí seguimos con la tendencia al 5J, al Joselito, al Priorato, a la Torta de Casar y al pan de hogaza. Negación de lo exótico, lamentablemente.

    Un abrazo y ¡ánimo!

    C.C.

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  3. Bedo no te preocupes que lo de las tirolinas lo hacemos el año que viene ;)
    Bueno, a ver si cuando volváis venís "imbuídos de la serenidad del budismo" jajaja!
    los hoteles me perecen espectaculares....

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  4. Nos hemos puesto "morados" de ver fotos, algunas muy curisas, este viaje seguro que no lo olvidais facilmente, pues parece muy interesante.
    Que sigais disfrutando los dias que os quedan.
    Un abrazo de Angel y Azu.

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