viernes, 19 de agosto de 2011

Erawan, sus "pirañas" y el mercado flotante

Los taxis no son iguales en Vigo, Nueva York o Kanchanaburi, por citar tres famosas ciudades del orbe. En cualquiera de las dos primeras te aparece un turismo, seguro, como mínimo, pero en esta villa tailandesa lo que llega a la puerta del hotel es el vehículo que véis en la foto. Parecido a los tuk-tuk de Bangkok, pero nada de nada. Los de la capital son motocarros y estos increibles motocicletas a las que se ha añadido un cuadrado con una rueda donde se sienta el respetable bajo un techadillo, Y sirven para el transporte de personas (cual se puede ver, hasta 4 a la vez), mercancías, para puestos de comida callejera y seguro que para más cosas. 
Lo cierto es que nos llevó a la bus station de Kanchanaburi por 120 baths (2,4 euros), ¡y que sensación de velocidad...! Éso sí, el aire acondicionado iba incluído.


Pero si estos fue toda una experiencia, el bus al parque nacional de Erawan superó la expectativas. Aquí van algunas fotos y una somera descripción: vehículo antiguo, desvencijado y sin aparente mantenimiento. 

Asientos rotos, cables por todos los lados, suelo de tablillas mal colocadas y la puerta por la que entras nunca se cierra. Así corre el aire, seguro, y de eso damos fe, y también de que los pasajeros no se caen e incluso sobreviven a la experiencia, como en nuestro caso. Pero confirma nuestra sospecha de que la ITV es un asunto pendiente en este país.


Pese a ello el viaje fue de lo más entretenido y comprobamos también que el hábito no hace al monje: el chófer  era un chico moderno, de ropa bien planchada, y para nada antediluviano como el vehículo que conducía.


Fuimos hoy de excursión al parque de Erawan, uno de los más famosos del país, a algo más de 60 km. de Kanchanaburi. 


A pesar de la buena carretera a la ida tardó más de hora y media.  El parque es una sucesión de cascadas, siete niveles que vas recorriendo a pie desde abajo por un sendero que cada vez se complica un poco más.


La guía califica el recorrido de extenuante y damos fe de que así es, pero no por la pendiente, los kilómetros a recorrer o su dificultad, sino por el calor y la humedad que te hacen sudar a mares.



Estamos en la selva, con lianas, vegetación exhuberante, bambues gigantescos, y sudas en consecuencia. Sabíamos que podríamos bañarnos cuando quisiéramos, y era un aliciente.


También que había monos, y que está prohibido alimentarlos, y peces en el agua, que lo mismo. 


Al volver vimos en la guía que a veces se ven pisadas de tigre. Nosotros ni las cheiramos, pero como tampoco sabemos como son...



Los monos nos los encontramos arriba, allá por el nivel  sexto, y son un espectáculo de lo más entretenido. Subidos en los árboles, jugando, peleándose, comiendo, meando desde el árbol . Un disfrute.



Estuvimos un buen rato, y es de esos momentos que no hubiera importado alargar ya que ver a estos bichos en total libertad en su medio natural fue sin duda un lujo.


Jugaban, se peleaban por restos de un coco y los bebés monos se agarraban a sus madres o hacían sus pinitos saltando por las ramas. Una monada....



El pequeñajo del coco la lío gorda y tiró el coco desde arriba, con del consiguiente susto de los guiris ya que casi les cae en la cabeza.




Tras la experiencia creísmos que teníamos cubierto el cupo de animalitos, pero ni mucho menos. Decidimos bajar a la segunda cascada a remojarnos porque estábamos literalmente empapados, como si hubiera llovido. 

 Calor+humedad+un poco de esfuerzo dan como resultado un sofoco que te mueres. Llegamos al sitio, nos metimos en el agua, Ana y Fely primero, y comprobaron que los peces se dedicaban a morder (suavemente) Alfonso y Juanma se lo tomaron a coña.Pero totalmente cierto: hay cientos de peces, algunos nada pequeños, y se te tiran, en principio en plan "peeling" a por las pieles muertas. Sientes picaditas y en el caso de Alfonso sin el diminutivo. Al salir comprobó que tenía sangre en un par de sitios, concretamente en los lunares. Agobiados, salimos a la carrera pese a que el agua estaba fresca, algo que aquí es un lujo. Ya repuestos, entendimos por qué alguna gente se bañaba con camiseta y largas bermudas.
Después, a la espera del bus de vuelta, alguien se empeñó en retratar a Juanma descansando, como si fuera su estado natural.


Este segundo bus no tenía nada que ver con el anterior.


Cierto, era también antiguo, pero mucho más presentable y con un tuneado agradable. 

Ambos compartían media docena de ventiladores móviles en el techo y el viaje con la puerta abierta.  Además, el conductor tenía prisa e iba mangado¡Si lo viera la Guardia Civil...!

De vuelta tras un rato de relax en la piscina de nuestro hotel fuimos a cenar a un buffet  para thais, sin guiris, al precio de 99 baths for person (2,5 euros) más la bebida. 


Ahorramos los detalles por aquello de que Sanidad podría intervenir ya que no vimos ni una cámara frigorífica, pero pasamos un buen rato con una especie de hornillo central en cada mesa para hacerlo todo. Muy curioso.



Después una copita en otro local, y para casa a descansar junto al río Kwai. Sí, el de la peli. Mañana hablaremos de él.



MERCADO FLOTANTE
 
Incluimos ahora unas fotos del mercado flotante de Damoen Saduak, por el que pasamos al venir de Bangkok. En realidad cogimos un taxi para ir a la estación de buses y el taxista no sólo nos trajo hasta Kanchanaburi (a 200 kms) por un módico estipendio, sino también nos acercó a este famoso mercado que recorrimos en una lanchita a motor durante una hora.


Es, fotográficamente, muy espectacular.



Son un conjunto de canales con tiendas en sus márgenes y todo tipo de puestos "flotantes".



Venden de todo



Frutas y verduras incluidas. Algunas extrañas para nosotros, aunque ya las vamos probando.


Pero lo más alucinante es que también guisan en esas minúsculas barcas con fogones con brasas. 

 
Hacen todo tipo de guisos, brochetas a la parrilla y lo que se tercie. Éso sí, el picante que no falte.
 



A destacar lo bien que se manejan en la marabunta de docenas de barcas en canales estrechos.



Cuando es imposible pasar, parada y a esperar. Con ojos occidentales, una pasada.


4 comentarios:

  1. Oye, me han parecido monísimos los monos (toma chiste). ¡A ver si os traéis uno que a Rasta seguro que le mola!
    Por lo demás, me gusta que vayáis a mercadillos, ya que (flotantes o no) son una excelente fuente de regalos para vuestras hijas ^_^.

    muá

    ResponderEliminar
  2. Ya vamos siguiendo vuestras peripecias. Sin calculadora de 12 dígitos al alcance, no acierto a establecer la cantidad en euros que me dejarían dispuesto a darme un garbeo por ahi.

    Hacer de Bruce Chatwin necesita algo más que oficio. Pero la ilusión todo lo puede y es de mérito, sin duda. Aunque no poder (24/24) ni tan solo disimular la condición de guiri es para desinhibidos king size. Me dimito.

    Mil veces Zamora, j....! Al menos en el Duero los pececitos no pegan bocaos y no hay que ir rezumando sudor, aunque sea muy literario.

    Tendremos lectura viajera un montón de días. Y buenas fotos con humor. ¡Toreros!

    A cuidarse y mirar de no comer más cosas raras que las imprescindibles. La ternera del Aliste siempre es un recurso último.

    Un abrazo y ¡buena suerte!

    Carles Corominas

    ResponderEliminar
  3. qué preciosidad los monos....qué pasada, es un lugar paradisíaco! por lo menos para ojos occidentales.
    papá, no sé como puedes descansar e esas posturas tan raras...
    muchos besos

    ResponderEliminar
  4. Hola os estoy viendo y me da una envia terrible, que gusto, se nota que hace calorcito, de ese humedo, pero aún así sigue siendo apetecible, bueno no os digo que lo paseis bien por que se ve, y aunque prefería estar al otro lado, al menos me voy haciendo una idea desde aqui,además de recordar esos paisajes. No se donde se coloca este comentario pero ahí va. Besos a los cuatro. Porota.

    ResponderEliminar