jueves, 18 de agosto de 2011

DE PALACIOS POR BANGKOK

Tras el contacto del día anterior con la ciudad planificamos la jornada por los templos y palacios más conocidos empezando por el Wat Arun. 

Hasta allí llegamos en barco, un sistema sencillo barato,por supuesto, como casi todo aquí, y fácil ya que nuestro hotel estaba pegado al cauce.


El prang principal, en la imagen, tiene 79 metros de alto, y su decoración está hecha a base de piezas rotas de porcelana. 


Es un conjunto de construcciones y templos, que recorrimos con cierta calma. 

En todos hay que descalzarse para entrar y en el de la imagen inferior se celebraba una ceremonia a la que asistimos un rato. Obviamente, no entendíamos nada.


En el prang se puede subir hasta cierta altura, por unas escaleras empinadísimas, que por supuesto escalamos pese al calor. La temperatura es casi constante y siempre muy elevada. De noche se está mejor, aunque por lo de ahora desconocemos lo que es el fresco, y de día bastante agobio, pero así es.


También nos encontramos unos escolares chiquitines muy graciosos.

De aquí nos fuimos al Wat (complejo de templos) Pho, famoso por su buda reclinado, que ocupa una enorme habitación.

Tiene nada menos que 46 metros de longitud y hay que buscar el encuadre adecuado para hacer la foto.


En todos estos templos a las mujeres les exigen que se cubran los hombros y las rodillas (sí, las rodillas). Si no, no pasan. A los varones no les ponen impedimento alguno.


Recorrimos también todo el recinto, muy amplio, con budas numerosos por distintas salas y corredizos. Había mucha gente,  aunque no excesiva, turistas y nativos. La verdad es que de budas quedamos bien servidos.


En algunos lugares, unos curiosos budas negros.


En uno de los templos nos sentamos un rato a meditar (descansar) pero no te puedes sentar de cualquier forma. Juanma, por ejemplo, no estaba muy ortodoxo: las piernas deben cruzarse o al menos con los pies hacia atrás.


Poco a poco fuimos aprendiendo.


Y siempre, haciendo descansos a la sombra y consimiendo agua fresca embotellada, que por suerte la encuentras por todos los lados.


Aquí un tuk-tuk, un popular sistema de transporte tipo taxi pero más económico. Todavía no lo hemos utilizado. Normalmente, como éste, son para tres personas, pero los hay algo más grandes.


En los templos también probamos, sin mucha gracia, es cierto, a imitar a las figuras que sujetan los muros.




De aquí marchamos al Palacio Real, otro complejo impresionante con edificios civiles y religiosos. En un extremo vive el rey Bhumibol, que es un dios para los thais y que aparece por todas las esquinas junto a su mujer, rodeado de flores y mensajes de cariño.Hubo quien aprovechó para retratarse con un guardia de uniforme . 


Y también quien buscó lo que parecía una corriente de aire.


No lo pudimos ver todo ya que parte estaba cerrado y en otra se oficiaba un funeral, pero nos hicimos una idea.


Uno de sus templos aloja un buda pequeñito de esmeralda, pero no se pueden hacer fotos. Tampoco en la sala donde el rey celebra sus cumpleaños. El recinto, en medio de la ciudad, está rodeado por una especie de muralla de casi dos kilómetros. A partir de aquí callejeamos largo y tendido buscando una cafetería o un centro comercial con aire acondicionado. La verdad es que nos perdimos, pero eso nos permitió ver un enorme mercadillo de flores. Impresionante de grande en unas manzanas ocupando aceras bajo toldos, que es aquí lo normal.


Cuando desesperábamos de llegar a algún lado vimos un café fresquito y en ese momento se desató el diluvio.


Aquí nos reímos de lo lindo. Le insistimos al encargado en que no pusiera hielo a nuestro pedido (<¡No ice!, ¡no ice!>) pero nos trajo unas enormes granizadas repletas de hielo. Se desaconseja porque no se sabe la calidad del agua con el que se ha hecho, pero de momento vamos tirando. Tras ellos volvimos a la zona del hotel y fue como entrar en otro mundo. Recorrimos el barrio de Silom, una gran calle europea, comercial, con tiendas guays, y allí cenamos en un sitio agradable, una terraza cubierta sobre la calle en la que no había parado de caer agua. Alfonso, una vez más, no se privó de su sopa. Estaba buena, pero al día siguiente tendría una sorpresa. Ya os la contaremos.


Me olvidaba de la anécdota del Sirocco, un restaurante de lujo en la planta final de la torre de un hotel. Sale en una película que Ana vio hace poco y fuimos allí a tomar un algo, para ver el local y la vista. Pero, héte aquí que dos de los cuatro no llevaban calzado adecuado. porque eran sandalias de treking. Por tanto, queda para la vuelta a Bangkok al final del viaje, aunque los dos afectados no se lo tomaron muy a  bien. Tanto, que le protestaron a la encargada y, señalando los tenis del varón que si podía pasar le pidieron explicaciones de la discriminación. <Is O.K.>, fue su lapidaria respuesta señalando el cuestionado calzado al que ella había dado su visto bueno. 

2 comentarios:

  1. Cuidado con los granizados.....que luego os toca estar a "fortasec" todo el día!! apuesto a que eso lo que le pasó a Alfonso con su sopa!

    Muy chulas las fotos, aunque he de decir que por mucho que lo imitéis no valéis como aprendices de Buda! Guiris, que sois unos guiris!!

    muá!

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  2. tiene razón Bego, vaya panda guiris que estáis hechos...:) me está resultando muy divertido el blog,está muy bien que pongáis tantas fotos,
    besos!

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