viernes, 2 de septiembre de 2011

DE LA RENFE THAI A LOS LISTILLOS DE POIPET

En la escapada a Camboya descubrimos los trenes thais de segundo nivel y el funcionamiento de su sistema ferroviario, que no es el AVE pero al menos fue puntual... y muy barato. También el ferry, el bus, el taxi y el tuk-tuk, de todo. 


Antes de irnos, ya pasado el mediodía del primer día de septiembre, hicimos la última foto a nuestro hotel en Koh Phangan y después al ferry.



Empezamos el viaje a las 13 horas del jueves y lo concluimos en Siem Reap algo más de 26 horas después, pero eso estaba previsto. Algunas incidencias que ocurrieron, desde luego no.

De nuestra isla fuimos a Koh Tao para recoger viajeros camino de Chumphon, punto de destino en el continente.

 Es un lugar bonito, principalmente dedicado al buceo y muy popular entre la juventud. 
Allí subieron y bajaron muchos viajeros.
Hacía un calor terrible pero en una zona del barco y por solo 100 baths/persona  (2,5 euros billete aparte) teníamos aire acondicionado y amplitud.


Al llegar a Chumphon, que era nuestro destino para enlazar con el tren, el barco atracó en medio de la nada utilizando un muelle antediluviano de al menos 300 metros con muchas tablas sueltas que amenazaba hundirse en cualquier momentos. 

Del muelle a un bus que nos acercó a Chumphon, distante unos kilómetros, donde teníamos que tomar el tren a Bangkok. 
Segunda sorpresa: no nos llevó a la estación y nos depositó en un vetusto restaurante ofreciéndonos un rato después taxi gratis a la estación  y depósito de maletas. Obviamente querían que consumiéramos allí, pues luego comprobamos que la estación se encontraba muy cerca, a unos 200 metros. En cualquier caso, aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad, en plena hora punta.
Y caer en la tentación de las brochetas callejeras. Como veréis por las fotos, todos menos una. Ana  dijo que en su caso cuidaría de los demás y estuvo acertada pues no eran muy allá, con lo que al final mordisqueamos y nos fuimos a tomar una pizza.

El rato que estuvimos en Chumphon nos asombramos todavía del número de motos y de como es habitual que vayan tres y cuatro personas, incluso a veces una conductora sola con su bebé. 
También vimos este curioso artilugio para llevar niños pequeñitos. La imaginación al poder.
Y luego ya el tren, en el que entramos a las 19:30 y salimos casi a las 5:30 del día siguiente para tomar un café y montarnos en otro a las 5,55.
Era un tren viejo, con vagones de madera, anticuado (para nosotros), pero que tenía sus ventajas: asientos cómodos y con espacio para las piernas y que circuló con ventanas y puertas abiertas, por lo que no pasamos calor. A falta de aire acondicionado se agradecieron los ventiladores.

Esta otra imagen corresponde al tren de Bangkok a la frontera de Camboya, Aranya Prathet, en el lado thai.
Este era de tercera en su totalidad, con asientos rigidos y mucho menos confortables. Además paraba hasta en los apeaderos más enanos.


En este último tren estuvimos cinco horas y media y vimos unos paisajes chulos.


TIMO AL TURISTA

Al cruzar a Camboya comprobamos la veracidad de algo  que habíamos leído en foros. Teníamos el visado de entrada, sacado  por internet, pero el tuktuktero que nos acercó, pese a  decírselo claramente, nos dejó en una de las agencias que hay junto al borde que te hacen el visado un  poco más caro que en la misma frontera.  Pasamos y seguimos andando y antes del control camboyano se nos pegó un joven  bien vestido identificado con un carné de lo que fuera,  que afirmaba ser funcionario al servicio de los turistas.  No nos lo creímos pero se nos pegó hasta la salida y nos llevó hasta los taxis, pagando por adelantado 48 dólares para llevarnos a Siem Reap. La alternativa hubiera sido buscar otro taxi por nuestra cuenta pero dado que Poipet parece como una ciudad sin ley y las propias guías te dicen que ni se te ocurra quedarte a dormir allí si te llega la noche  optamos por aceptar el taxi a ese precio que para Camboya es más del doble de lo normal. Desde el principio hubo cosas raras, como que una vez montados nosotros el chófer le quitó una pegatina grande al coche, en la que no habíamos reparado, y a los dos kilómetros paró a repostar gas (las dos fotos siguientes) intentando que bajáramos a consumir en el local, pero nos negamos.



La improvisada gasolinera era un sitio cutrísimo.

Incluso antes ya había hecho otra parada para llenar de perchas el espacio libre y no libre del portamaletas "para su hermano". En el camino hubo otro intento de parar  para tomar algo (él dijo que tenía que limpiar el coche ya que si no le podía parar la policía, lo cual, aparte de una trola, era un chiste) y nos negamos de plano. En Siem Reap, nos llevó donde quiso, pese a que el acuerdo  previo era dejarnos en nuestro hotel, y con la ayuda de un compinche nos toreó para bajar del coche prometiendo que éste nos llevaría al hotel gratis. En realidad quería llevarnos a otros  según  él "menos caros", pero ante nuestro rechazo allí quedamos tirados y un tanto molestos.


Pero nuestro enfadó se esfumó cuando conseguiimos llegar y comprobar lo estupendo que es el hotel que teníamos reservado, el Golden Temple, con una decoración y comodidades que llaman la atención.


Tras bañarnos y cenar allí mismo, nos fuimos a la cama pronto para recuperarnos de la noche anterior y estar mañana en forma para ver los templos de Angkor.

2 comentarios:

  1. Si fuérais como los de Pekín Express (con 1€ al día) no os timarían porque no tendríais nada que timar!!
    Y sí, efectivamente el hotel tiene una pinta que-te-cagas. A ver que tal en Anghkor, según cuentan es la leche. Yo estoy esperando que me recojan para ir a Caión, ya véis, una que es más modesta :).
    muá!

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  2. Hola! madre mía el periplo del taxi!! qué fuerte que al final os dejasen tirados, qué morro!
    Mami, muy sensata tu idea de no tomar brochetas para cuidar del resto en caso de de haber alguna emergencia, menos mal que hay alguien que se le ocurren estas cosas! ;)
    muchos besos

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