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sábado, 27 de agosto de 2011

(9) Doi Suthep y un jardín real

Dedicamos hoy nuestro último día en Chiang Mai a conocer la zona de Doi Suthep-Pui, un parque nacional, aunque en realidad sólo visitamos su espectacular templo. Situado a unos kilómetros de la ciudad, se encuentra en un pico de casi 1.700. El acceso es esta majestuosa escalinata que subimos a pinrel desdeñando un funicular.

 
Según la guía son algo más de 300 escalones, pero nos salieron algunos menos.

El recinto llama la atención, aunque ya hemos visto unos pocos. Todavía no nos ha entrado la "templitis" porque, como se ve, también nos dedicamos a otras cosas.
El elefante de la estatua recuerda a uno que tuvo que ver con la fundación, ya que trasladó allí al monje de Sukhotai que lo fundó en 1383.

En el recinto conviven imágenes de lo más variado.
La cúpula dorada, recién restaurada, casi deslumbra de tanto brillo.

Y si decimos que hay mucho paisano por Tailandia, aquí la prueba: nos topamos con la pareja de catalanes con la que el día anterior hicimos el Jungle Flight... Igualmente con unas vascas de días antes en Sukhotai. Casí como la Gran Vía.

En una zona de la entrada existen urnas con enterramientos.

La anterior se supone que es la huella del pie de Buda.


La gente del fondo son una pareja de españoles que atienden a un guía privado en español bastante peculiar. Juanma y Alfonso se hacen los despistados para escuchar las explicaciones de gratis.
Existen multitud de buzones para dejar mensajes con peticiones y demandas y sobre todo pasta para las atenciones más variopintas: educación de ciegos, ayuda para la comida de los monjes, para los libros......



Y del templo, en un taxi-camioneta, al Phra Tamnak Phu Phing, un palacio de verano del rey situado a 4 kilómetros. Hay que pagar y solo se pueden ver los jardines. Pese a ello, hay normas estrictas en el vestir: Alfonso tuvo que alquilar una especie de pantalones para cubrir los suyos, cortos, y Ana ponerse encima una camiseta de repuesto de Alfonso para tapar los hombros.





Tenía una zona de grandes helechos.


La zona era fresca, para los estándares locales, y vimos estos espectaculares bambúes gigantes.

Y vuelta a Chiang Mai en la camioneta, observando el paisaje o meditando, según los gustos de cada cual.


En una larga tarde de paseo volvimos a ver el Wat Bupparam, un templo espectacular en la calle más céntrica. 


Según la guía luce una ornamentación diseñada por artesanos birmanos y shan. Y es que la ciudad formó mucho tiempo parte de Birmania, de la que está más cerca que de Bangkok.

 
El complejo, como no, con figuritas de dudoso gusto. En este caso la mayoría de animales.
 

También con una casita para gatitos, un grupo de ellos cachorros de color negro que observan a la gata más grande. Tenían pinta de ser unos privilegiados y estar bien atendidos.


Y como nota curiosa de la jornada, a un fish spa en un local que añade ortdenador y acceso a Internet mientras dura el asunto. Los pececillos supuestamente te comen las pieles muertas y te lamen-pican en bloque. Hubo mayoría encantada, pero a Juanma como que no le moló la sensación de los bichitos en los pies.


Y tras una cena en un restaurante del Night Market, un megamercadillo con miles de puestos que abre de seis de la tarde a doce de la noche, una copita antes de regresar al hotel. Ofrecían pescado y marisco, que elegías antes de sentarte.  De hecho Alfonso "pescó" literalmente con la mano uno de los peixes que nos comimos. Estuvo bien, aunque para gente de Galicia no era nada del otro mundo, si acaso salvo el precio.

No somos capaces de imaginar los puestos que puede haber aquí. Es una calle enorme, a ambos lados, y muchas de las transversales, donde a su vez hay zonas cubiertas como estas. Y tampoco hay tanto guiri, quizás por que estamos en temporada baja.
 

Llovió mucho de noche y el río, junto al que se encuentra este local, bajaba crecido y un tanto bravo, arrastrando mucha maleza. Había inundado un paseito y estaba a unos centímetros de la terraza.